SER EMPRESARIO

Es relevante tener claro en qué consiste ser empresario, tanto para aquellos que pretendan serlo como, además, para la propia sociedad por la trascendencia que tiene su actividad.

Pero, a la vez, observo que muchas personas demuestran una tremenda confusión al respecto: incluso creen que son  meros especuladores.

Como he dedicado una gran parte de mi vida a tratar con empresarios, quizás algo conozco sobre la cuestión y de ahí que intente ayudar a centrar la cuestión.

El empresario

Es una persona que crea empresas, y le mueve una intención o misión a largo plazo relacionada con desarrollar un proyecto concreto, o una idea, que va más allá de obtener sólo una mera rentabilidad económica aunque sí espera  unos resultados. Se unen elementos cualitativos y cuantitativos.

empresarioPuede abordarlo con sus propios medios y/o también los de terceros, pero siempre implicando los primeros en mayor o menor medida y que normalmente puede convertirse en «inversión cautiva».

El empresario se involucra en el devenir de la empresa, y puede hacerlo de dos formas: trabajando en su dirección y gestión diaria (empresario directivo), o supervisándola e interviniendo en la estrategia (p.ej. a través del consejo de administración).

Cuando no se implica, hablaríamos de inversores y no de empresarios.

Es importante el matiz anterior: el mero inversor no sólo no trabaja en la empresa sino que, sobre todo, lo que le interesa es la rentabilidad, y su compromiso con «la idea o proyecto» sería circunstancial (puede haber alguna honrosa excepción).

Y, al inversor le importa menos que al empresario cómo se consigan los resultados.

Según la RAE empresario es «un patrono (persona que emplea a trabajadores)», y/o «el titular propietario o directivo de una industria, negocio o empresa».

Por mi experiencia -y sin querer enmendar a la Academia, Dios me libre-, he preferido  centrarme en el titular propietario (total o parcial) que emplea a otros, sin incluir en la definición a los meros directivos.

Aspectos clave

Habría 3 aspectos clave a la hora de concretar en qué consiste ser empresario:

  • Es una profesión, de naturaleza vocacional. No es un trabajo u ocupación más.
  • Se crean empresas para abordar una idea o proyecto, para aprovechar una oportunidad o para desarrollar una visión, cuya consecuencia es crear riqueza de la que se aprovechará la sociedad.
  • Y, los empresarios dan una importancia capital a sus RR.HH. (recursos humanos). Y, esto ocurre tanto si es  directivo como consejero, traduciéndose en preocupación por formar buenos equipos y atraer  talento.

Y, en este punto quiero recordar lo que decía Peter Drucker: «dirigir una empresa no es resolver problemas sino aprovechar oportunidades». Lo digo porque mucha gente ve la gestión «del mundo mundial» sólo para abordar lo que no funciona.

empresarios

No olvidemos lo anterior porque el resultado más tangible de mirar hacia el futuro, como hacen los empresarios, es generar bienestar y empleo, tirando del carro.

Y, al respecto cito lo que decía hace tiempo un famoso pastelero: «Un responsable empresarial debe marcar el rumbo poniendo la cabeza en las estrellas y los pies en el suelo».

Empresario y emprendedor

Llevamos un tiempo reinventando términos, por ejemplo con el término «emprendedor». Parecería que se trata de una nueva especie, cuando en realidad es tan viejo como la vida misma.

Un emprendedor es un empresario, o que pretende serlo, que inicia una (o su) actividad profesional creando una empresa basada en una idea.

Puede ser en cualquier sector, no sólo en los tecnológicos (como se dice ahora).

Y, es diferente al autoempleo cuya finalidad es tener un puesto de trabajo (no es empresario).

¿Son emprendedores todas las personas y/o empresarios que crean empresas? Sí, porque su base de actuación es, precisamente, tener «espíritu emprendedor».

Por tanto, puede decirse que todos los empresarios son o han sido emprendedores.

empresarios

¿Y, qué decir de la innovación? Las empresas lo serán más o menos en función del cambio que produzcan y/o el valor añadido que aporten. Es diferente a ser emprendedor, pero todas las empresas que prosperan son de una forma u otra innovadoras: lo contrario sería estancarse.

El espíritu de sacrificio

Una «prueba del algodón» para certificar si soy empresario es el espíritu de sacrificio, una de cuyos ingredientes es la capacidad para asumir riesgos.

He tenido el privilegio de conocer a muchísimos empresarios, y todos cada 1 de enero «subían la persiana» del negocio con la incertidumbre de tener sólo asegurado el 50-60 % de su facturación, debiendo currarse el resto.

Ya les gustaría poder contar sí o sí con el 90 %, como les ocurre a las AA.PP. y muchos políticos con sus presupuestos: de ahí que jueguen con ventaja y encima, algunos, se atrevan a decir (¡pobres ignorantes!) que lo «público es mejor». Vaya despiste. Y, a diferencia del empresario, no arriesgan su patrimonio y tienen el sueldo asegurado. ¡Un chollo!

Reconocimiento social

Si estuviéramos en un país «normal» muchos empresarios serían aplaudidos por las calles, como héroes, que han sacrificado incluso su vida y patrimonio. Es una asignatura pendiente.

Y, algún día podrá estudiarse cómo gracias al papel de miles de pymes y sus dueños, que han intentado aguantar el empleo como fuera, de ello se ha beneficiado la sociedad durante estos años convulsos. Es una auténtica responsabilidad social corporativa.

En España hay cerca de 1,6 millones de empresas con asalariados, la gran mayoría pequeñas y medianas: estas son las que sacan adelante el país y no sólo las grandes. Y detrás de cada una hay un empresario.

Tenía muchas ganas de decir lo expuesto y ahí queda.

¡Buen verano y cuidado con la caló!

Saludos cordiales a todas y todos.

Copyright © 2022 por F. Javier Díaz. Todos los derechos reservados.

 

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